miércoles, septiembre 30, 2009

¡Ya decidí ser decidido!

Habiendo tomado conciencia de mi condición espiritual delante de Dios, y luego de haber decidido despojarme de mis ropajes farisaicos y dejar a un lado el autoengaño en el que vivía... ahí posterior a examinarme a mi mismo a la luz de la Biblia, hoy descubrí, no, no, no, mejor dicho reconocí que uno de mis grandes problemas, es la dificultad que tengo para decidirme, se me hace muy, muy difícil, la decisión más pequeña, como por ejemplo la de "que comer hoy" y "donde"; en otras palabras soy un habitáculo, una morada, la residencia de  damas y caballeros...la DUDA. La Biblia  dice en Stg. 1:6 en su 2da. parte: "porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra". Hoy, para ponerles un ejemplo de esta mi situación, buscando que almorzar, fuí de aquí para allá, de un lugar a otro, sin poder decidir que comer, (como la ola esa que habla Stg.), al final no comí nada debido a mis actitudes críticas al dirigirme a tal y cual lugar... Yo era esa ola y la "DUDA" era el viento que me llevaba de una parte a otra. La duda hace que no recibamos nada, nadita de Dios (Vea Stg.1:7), porque claro, el que duda no sabe lo que quiere... La indecisión lleva a la demora y a dilatar el hacer cualquier cosa,  aplazando  la decisión o lo que es peor aún, eligiendo lo que no es mejor...¡¡Qué hacer!! Sin duda alguna, aprender a confiar en Cristo y pedirle que sea Él quien guíe nuestras decisiones, porque la Biblia dice en 1Pe 5:7 "echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros"...Amén.

DIOS y las autoridades

El día de ayer, que llega un memoramdum de transferencia de unidad a una compañera de trabajo. Todos en la oficina pues indignadísimos, por ese inhumano y cruel acto, perpretado por el Jefe de la Unidad solicitante y como no podía ser de otra manera, en complicidad del Director de Recursos Humanos, (porque se había formado un bonito grupo de trabajo), cada quién expresaba su descontento... ¡Cómo es posible! ¡Es una injusticia! ¡Qué se creen estos tales y cuales! ¡Y este nuestro Jefe que no saca cara por nosotros! ... y toda clase de adjetivos que demostraban los sentimientos encontrados por tan malvado acto y sus gestores, cuando uno de ellos  pregunta mi opinión, así que yo (todo comedidote), ahí aconsejando... ¡No, que tienes que hacer esto y esto otro, y si no, pues te quejas a tal y cual!. Y así, pasamos el final de la mañana discutiendo  y quejándonos. A medio día, ya a la hora de la salida y despúes de registrar nuestra salida, acompaño a la entristecida compañera, (porque iba yo por su camino, pues había sido invitado a almorzar a casa de mi cuñado), continuaba con mis consejos -y que no te preocupes, vas a ver todo va ha salir bien- nos despedimos cerca a su casa, y unos pasos más adelante, mientras yo me daba palmaditas en la espalda por tan bello acto de compañerismo, ¡ZASSS! que escucho al Espíritu Santo decir:
        Él: ¡Así que enseñas a REVELARSE contra las autoridades!
        Yo: ¡gluppp! ehhh ... pues ... es que .... coff, coff, coff   (tratando de justificar lo injustificable)
        Él¿No sabes que toda autoridad ha sido puesta por Dios, y que quién se revela a ella, contra Dios se revelá? ...
        Yo: lo olvide (puede suceder, pero no es excusa)
Pr. 3:1 "Hijo mío, no te "olvides" de mi enseñanza, y tu corazón guarde mis mandamientos...
Matthew Henry una vez escribió: Sean quienes sean los que ejercen autoridad sobre nosotros, debemos someternos y obedecer el justo poder que tienen... Amén.


viernes, septiembre 25, 2009

Un oscuro reinado

Era domingo, y en medio del ya acostumbrado bullicio que siempre se hace presente al final de cada culto dominical, mi Pastor nos hizo llamar  a mi esposa y a mí, el propósito, extendernos una obligada invitación a ambos: -Quiero que este próximo jueves y viernes asistan al seminario taller, que la iglesia esta organizando sobre matrimonio y vida familiar cristianos- nos manifestó. -Este jueves ... mmm- dije yo, a lo que inmediatamente mi esposa, sin permitirme pronunciar cualquier tipo de excusa contestó: -no se preocupe Pastor, claro que asistiremos-. -Ustedes son los que más necesitan estar ahí, así que no se lo pierdan- nos dijo. Cualquiera en su lugar habría dicho lo mismo, si hubiera tenido que asistir a una pareja que por x ó z motivo, convierten su dormitorio en un cuadrilátero de combate, un verdadero "ring side",  (colmado de explosiones de rabietas y acciones violentas), como lo hicimos nosotros. Asentí con  la cabeza y dije -sí, claro, iremos-.
Ya a solas con mi esposa, indignadisimo claro por comprometernos, pero consciente de las aún abiertas herídas que causo el gran altercado aquel día, me atrevi a preguntarle, por supuesto que en un tono muy cortés y considerado (lo cúal no soy a menudo) y poniendo la mejor cara de cachorrito que pude: -¿crees que debemos asistir? considero que con las visitas del Pastor fulanito (un Pastor amigo) (¡que son cada sábado!) y las charlas que él nos da... pues ya... tenemos no?-. A lo que ella, y creo que con toda la sabiduría que Dios concedió a la mujer, me dijo: -Mientras más, mucho mejor-. Sin argumento alguno (porque qué puede decir uno a eso) y además embargado por el  sentimiento de culpa que tenía por  ese "día de furia", accedí, claro...tuve que tragarme las ganas de hacer nada esas dos noches. Dentro de mí pensaba: he asistido a algunos seminarios después de convertirme de mis ídolos a Cristo,  incluso ingrese por unos meses al Instituto Bíblico; he leído varios libros de reconocidos autores evangélicos;  fuí el primero en mi familia en corvertirse, estaba orgulloso de tener entre mis amigos a Pastores y Líderes de congregaciones locales de los que siempre aprendía algo, incluso había dado uno que otro estudio bíblico algunas veces en mi Congregación, he predicado a Cristo donde me ha tocado estar, considero válidos mis esfuerzos por ser un "buen" cristiano, no consideraba justo que por algunos desacuerdos matrimoniales, que siempre existen, tengan que torturarme asistiendo a un seminario en el que probablemente tenga poco o nada que aprender que yo ya sabía...
Desastre manifiesto...
Imagínese que tenga que enfrentar, durante tres rounds, al campeón mundial de peso pesado del boxeo, ¡sí!, nada más y nada menos que al ganador de una serie de combates y que además tiene fama de ser indestructible, no tiene opción, ... yo estoy seguro que con un solo combate, por muy valiente (o idiota) que se sea, cualquiera que no pertenezca al mundo del box, (como yo por ejemplo), tendría más que suficiente, pero que tal que además de la paliza recibida ese día, el mencionado campeón le da otra al día siguiente... eso me paso a mí en el Seminario... fuí ridiculizado, bajado de las nubes de mi endiosado aposento, por la  poderosa PALABRA de DIOS, quien, por dos días me pegó cuando quiso y como quiso; cada versículo citado y explicado era un poderoso "punch" que golpeaba mi debilucha condición espiritual, (Heb. 4:12); debilucha claro... si estaba ejercitada en el orgullo, el egoismo, las convicciones y la falsa apariencia de piedad... ahhh ¡¡ y no podían faltar las buenas intenciones... me imagino haber sido presentado de esta forma:

¡¡En eeeeeessta esquina, con un peso de 90 kilos de "orgullo", luciendo una camisa de purirtito "egoismo", de pantaloncillos elaborados por "propias convicciones" y "sentimientos de fervor religioso" y del color de las "buenas intenciones" el retadorrrrrr¡¡ ¡¡Mauricio "autosuficiencia" Ruiz!!  ¡¡clap, clap, clap!! Angustiosamente pude darme cuenta lo engañado que vivía...No reinaba CRISTO mi vida, tristemente el rey, seguia siendo yo, junto con mis emociones y mis deseos egoistas, su Palabra estaba en mi vida pero no en mi corazón. Sólo la Palabra de Dios tiene el poder de confrontarnos y  revelar si estamos  viviendo una vida plenamente espiritual, con toda razón Santiago nos exorta  a desechar toda inmundicia y todo resto de malicia y a recibir con humildad la Palabra implantada porque es poderosa para salvar nuestras almas...Amén.